
Cuenta la historia, que tan pronto como recibió el aviso de extorsión, el patriarca contrató a un grupo de inteligencia extranjero, conocido por sus operaciones de rescate y asesinatos políticos, para que recuperaran con vida a su hijo y que, de paso, asesinaran a todos los secuestradores implicados. El objetivo fue cumplido cabalmente y el patriarca pagó una cantidad mayor a los rescatistas que la que pedían los extorsionadores, sólo para dar un ejemplo al hampa.
Existen agencias de seguridad en nuestro país que ofrecen un servicio especializado de guardaespaldas y que para ello traen a guardias extranjeros - israelíes, árabes, gringos, etc.- que han sido entrenados por militares en inteligencia y tácticas de asalto. Una de las características del servicio es que los guardias son rotados de forma constante, para evitar que se les reconozca o incluso que caigan en la tentación de perpetrar ellos mismos un plagio sobre las “personas importantes” a los que cuidan.
Seguramente no es barato contratar este tipo de protección, pero debe ser de lo más seguro y exclusivo en este ámbito para México. Por lo tanto sólo la gente adinerada de nuestro país tiene acceso a él, y seguramente está convencida de que el costo extra de este servicio, lo paga el simple hecho de darle tranquilidad a sus familias. ¿Pero qué podemos hacer los demás a los que no nos alcanza para andar con escoltas? ¿Cómo podemos darles a nuestros familiares la misma tranquilidad que, por el simple hecho de ser ciudadaons mexicanos, tendríamos derecho a percibir?
La guerra contra la delincuencia ha llegado tal punto, que ya lastima a la población general, llevándose incluso a veces entre las patas a civiles inocentes. No acaba uno de sorprenderse con tal masacre, cuando ya escuchas otra noticia que te escalda aún más los huesos. Si no es el pozolero, es el mochaorejas o algún chapo, o un general que se convirtió en zeta, o los sicarios que dejaron su narcomensaje escrito en las nalgas de no sé que inchi panzón culichi, etc., etc., etc. No cabe duda que los mexicanos somos ocurrentes hasta en la violencia y la delincuencia. Pa’ chingar somos buenos, pero para trabajar y arreglar lo que destruimos ni le entramos.
La presidencia en su guerra contra la delincuencia ha dejado clara una cosa: no tienen ni idea de hasta donde está metido el asunto. O si lo saben, no pueden meter la mano hasta ahí. ¿Cuántos gobernadores, presidentes municipales, secretarios, jueces, empresarios, judas, chotas, tranchos, tiras y por demás instituciones -nacionales e internacionales por igual- no tienen sus manotas metidas en esta mugre?
Bien, mi propuesta es simple: si los mexicanos demostramos que somos unos ineptos para arreglar esta porquería, deberíamos pedir ayuda a los extranjeros para que ellos sí lo hagan. Por lo menos que ellos sí nos logren vender la idea que lo están logrando. Esto último es la base para crear un ambiente de tranquilidad: tener razones para suponer que las cosas van mejorando. Así funciona la bolsa de valore y la economía: pura especulación y confianza en que las cosas van bien, por más que sólo haya macroindicadores que así lo "demuestren".
El problema en México son los mexicanos, he escuchado decir. Yo quisiera extrapolarlo y decir que: el problema con la humanidad es que está compuesta por humanos. Sin embargo, creo que en el tema de la inseguridad los mexicanos realmente somos parte del problema por la pasividad, el vale-madrísmo y las ganas de chingarse al prójimo que abundan en nosotros, y creo que la solución la se encuentra afuera. Pregúntenle a Colombia cómo han logrado "avanzar" en el tema del crimen organizado.
Señoras y señores, creo que es momento de reconocer que tienen secuestrada a nuestra hija La Patria y que necesitamos contratar a un extranjero que la venga a liberar a nuestra sociedad, sin que nos importe el costo.
